Tiempos de cambio
Son tiempos de cambio en el edificio. Por dentro y por fuera. Los grandes cambios suelen venir acompañados de grandes sacudidas, las grandes sacudidas tienen sus ecos consecuentes y tarda un tiempo en aparecer la “nueva normalidad”. Como un sismo sincronizado. Es en esos momentos que la polvareda no deja ver con claridad. Entender que se hace difícil ocupar un lugar que ya está ocupado. Los primeros meses era constante (y aparentemente inevitable) cruzarme con la nueva vecina. La del último piso. Omnipresente, avasallante, el perfume impaciente, vestida de pies a cabeza con su pésima actitud y su energía capaz de empañar el día más bonito, de arrancarme de un tirón las veces que me encontraba en un buen momento, en paz y optimista. Hay emociones que el tiempo se va encargando de dejar atrás, o altera la forma en la que las recordamos, “bah, no era para tanto”, pensamos. Esta no. Todavía se me erizan los pelos de los brazos, siento como se tensan los músculos d...